royal shrovetide football

El fútbol tal y como era en el siglo XVII
(2 de febrero de 1683)

            Cada año, en Ashbourne, se celebra el partido de fútbol más grande del mundo. El referente más antiguo data de 1683. Se juega entre el martes y el miércoles segundos de febrero, en Carnaval. Dura dos días, y participan cientos de competidores en un campo de cuatro kilómetros y medio por tres, con el pueblo entre medias. Su origen es tan antiguo que hay quien asegura que se ha jugado allí durante mil años. Un fuego en la oficina del comité organizador a finales del siglo XIX se tragó el registro del partido y, ahora, la referencia más antigua procede de 1683, en que se jugó en este día. Participan en él todos los habitantes del pueblo que quieren hacerlo, hombres, mujeres y niños, y cuenta con la aprobación real y hasta el príncipe Carlos intervino una vez en él, en 2003. Desde que cuenta con la aprobación real lleva el nombre de The Royal Shrovetide Football. Ashbourne está prácticamente en el centro geométrico de Inglaterra, rodeado de ciudades como Derby, Nottingham, Sheffield, Manchester y Newcastle.
            Los dos bandos en liza son los nacidos a uno u otro lado del río que atraviesa el pueblo, el Henmore. Los Up’ards, que son los del norte, contra los Down’ards, los nacidos al sur. Si hay un gol entre las seis y las diez de la noche, termina el partido. Si a las diez de la noche no ha habido ningún gol, se interrumpe el partido y se sigue al día siguiente. Vale todo. Se llama football, pero se puede coger el balón con la mano, aunque retenerlo es muy peligroso, por lo que lo aconsejable es patearlo hacia delante en cuanto se puede. Las porterías, que antes eran sendas ruedas de molino, ahora son simplemente un palo, en el que hay que golpear el balón tres veces para cobrar un goal. El que lo hace tiene derecho a llevarse el balón a casa. Las normas exigen mantener el balón alejado de las iglesias y del cementerio, no entrar en propiedades privadas, no ocultar el balón en bolsas y mucho menos trasladarlo en un vehículo mecanizado, y, norma muy antigua, no matar a un contrincante «voluntariamente». Por lo demás, todo está autorizado con respecto al balón, que se puede desplazar como se quiera, transportándolo, o a patadas o a puñetazos, y con respecto al contrario, al que se puede agarrar, zancadillear, golpear o hacer cualquier cosa. […] El balón es de corcho por si se cae al río. Los jugadores es mejor que sepan nadar o, en caso contrario, que se abstengan de acercarse al río. La tradición cuenta que el primer balón fue la cabeza de un decapitado, que cada parte del pueblo quiso llevar al otro lado del río.
            Este tipo de juegos fue muy frecuente en Inglaterra en la Edad Media. Se practicó tanto y en tantas comarcas, y con tanta peligrosidad, que con alguna frecuencia hubo edictos de los reyes prohibiéndolo. Los estudiosos sugieren que procede del harpastum, juego de pelota con el que se pretendía mantener en forma a las legiones, y del cual habría derivado también el calcio florentino. Este juego fue resucitado por Mussolini en 1930, y se juega anualmente en Carnaval y el día de San Juan, en la Piazza della Signoria de Florencia, como atractivo turístico.

Extraído de: Alfredo Relaño. 366 historias del fútbol mundial
que deberías saber. Madrid: Martínez Roca, 2010.

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