alfredo relaño. italia se hace azzurra

          Italia jugó su primer partido internacional en 1910, el 15 de mayo, contra Francia. […] Pero entonces no vestía de azul todavía, sino de blanco. La que vistió de azul ese día (y aún hoy lo hace) fue Francia. Los italianos habían optado por unas camisetas blancas, porque eran las más baratas, y les fue muy bien: ganaron 6-2, en el partido disputado en el Arena Cívica de Milán. La victoria fue muy bien acogida, porque hacer aquella selección había sido difícil. El fútbol italiano había nacido dividido, con dos corrientes que se mezclaban entre sí. Por un lado estaba una facción amante de lo extranjero, un poco esnob, que consideraba el juego un divertimento. Tenían un campeonato bien organizado y en sus equipos había gran cantidad de ingleses […]. Y por otro lado había una corriente más severa, nacionalista, que tenía su origen en las viejas sociedades gimnásticas, y que consideraba el deporte como el mejor método de formación del cuerpo y el espíritu para dar hombres de provecho a la nación. En consecuencia, debería ser considerado con el máximo rigor.

          Superar las dificultades costó un tiempo, pero por fin las dos corrientes se integraron en la ya entonces llamada, como hoy, Federación Italiana de Gioco di Calcio, FIGC, una de cuyas primeras tareas fue inscribirse en la FIFA y poner en funcionamiento ese primer equipo nacional. Tras el éxito ante Francia el primer día que compitieron, el equipo se atrevió con un segundo partido, en Budapest, contra Hungría, que perdió estrepitosamente por 6-1. De nuevo con la camiseta blanca.

          Se concertó, para el día de la Epifanía de 1911, un partido de revancha, de nuevo en Milán, en el Arena Cívica, donde había sido goleada Francia. Pero antes de este partido se tomó una decisión que definiría para siempre la personalidad del equipo italiano: utilizar la camiseta azul. Los periódicos de aquellas fechas no dan explicaciones sobre tal decisión. Más adelante se publicaron algunas: una, que les había gustado el color de Francia, su primer adversario; otra, muy romántica, que se trataba de imitar el color del bello cielo de Italia. Pero la más verosímil, que los estudiosos han dado por definitiva, es que se trataba de un homenaje al color de la Casa de los Saboya, reinante en Italia, y eje de su unificación no mucho tiempo antes. Tal hipótesis está fuertemente avalada porque en aquellos primeros partidos de azul la selección llevaba el escudo de la Casa de los Saboya, fondo rojo con cruz blanca. El estreno del color azzurro no fue brillante en lo deportivo, porque Italia volvió a perder con Hungría, aunque esta vez solo por 0-1. El color quedó aceptado con carácter definitivo, y desde entonces lo ha conservado Italia, que, a despecho de otras selecciones que también visten de azul (alguna tan notoria como Francia), es universalmente conocida como la squadra azzurra, el equipo azul. Con ese color ha ganado cuatro veces el Mundial (1934, 1938, 1982 y 2006) y ha conseguido el reconocimiento universal.

Más historias de fútbol contadas por Alfredo Relaño en
366 historias del fútbol mundial que deberías saber.
Madrid: Martínez Roca, 2010.

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