españa, camiseta roja de mi esperanza

POR BENJAMÍN PRADO

        España, camiseta roja de mi esperanza, hubiese escrito yo si en lugar de ser sólo Benjamín Prado hubiera sido Blas de Otero, porque desde que el mundo es mundo, no he hecho otra cosa que llevar en las manos un libro de poemas y en los pies un balón que sabía que, tarde o temprano, iba a acabar en la portería de Brasil, o de Alemania, o de Inglaterra, o de Argentina. En mis sueños de niño, ese gol, lo marcaba yo, y en los de adulto lo marca otro, pero el resultado es idéntico: España gana el Mundial y yo, al fin, me puedo considerar ciudadano de un país respetable, es decir, con copa de la FIFA en la bandera.
        Toda la vida viendo esos partidos a deshora, retransmitidos desde lugares que ponían eco en la voz de los locutores; sufriendo porque las piernas de los nuestros se llenaban de plomo; o porque la pelota se les hacía cuadrada; o porque el tiempo corría a favor de los rivales y se paraba en nuestra contra; o porque una veces fallábamos goles a puerta vacía y otras entraban pero el árbitro no los daba; o porque perdíamos contra futbolistas peores que nosotros porque no jugábamos contra ellos sino contra sus uniformes. Sumas todos esos porqués y te sale cero.
        Y encima, rodeado de amigos que se pasaban al enemigo. Rafael Alberti siempre quería que perdiera España, por fachas. Ángel González igual, y hasta tal punto que un día le dije: “Oye, eres un tío muy raro: te encanta el fútbol, ves un partido detrás de otro en la televisión y, sin embargo, no eres de ningún equipo”. Y me respondió: “Te equivocas, Benja. Claro que tengo un equipo: yo soy del que juegue contra España”. Qué cruz.
        Pero ahora todo ha cambiado, porque somos los campeones de Europa y, además, ganamos ese trofeo de tal manera que, por primera vez en la historia, son los otros países los que nos miran de usted. Así que cuando hoy, 11 de julio, ha llegado a mi casa el grupo de amigos que podréis imaginar sin ningún problema, porque es calcado al que hay, en este preciso instante, en el salón de la vuestra, las caras que he visto no son las de otras veces, sino justo las contrarias, y en el mueble-bar del fondo hay más botellas que nunca, y en la nevera no cabe un alfiler. Es decir, que esta vez lo que hemos preparado es una fiesta, y de las largas. Estamos en la final y, como quien dice, en los ojos ya nos brilla la copa de campeones, y por añadidura… ¡Eh!… un momento… ¡pásasela!… ¡esperen!… ay, ay, ay… ¡tira, tira, tira! ¡Síííííííííííííííííííííííííííííí!

Más en El Cultural de El Mundo (del 11 al 18 de junio de 2010)

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