ante julio. por fernando lázaro carreter

         
          Vaya mes el que hoy fenece. La diosa Juno que le da nombre y cuya función en el Gabinete olímpico, aparte la de proteger parturientas, consistía en velar por el Estado, ha dedicado alguna atención al nuestro para que, durante esas cuatro semanas, se invertebrara sólo un poco más. Qué zarandeo, entre leyes, cumbres, manifestaciones, huelgas, porcentajes, Bolsa, el Mundial, que, según prestigiosos expertos, ha sido muy físico, y encima, culminándolo (se dice así), el morrón coreano. Para no repetirlo; ojalá pasemos un julio tan a gusto como un arbusto (lo oí por televisión a un concursante, y me pareció un pareado digno de ponerlo por escrito, o negro sobre blanco, como dicen nuestros semicultos que han recibido un hervor de inglés). Aunque puede que no tengamos tanta suerte y no salgamos aún del tembleque, estando como estaremos bajo la tutela nominal del belicoso Julio César: bien se sabe que julio es por él. Así es que hemos tenido muchas ocasiones de horripilarnos; forman este divertido verbo (del latín horripilare) una primera mitad que transparenta el ‘horror’, y la segunda, el ‘pelo’ (del latín pilus). Y significa literalmente, todo el mundo lo sabe, ‘poner los pelos de punta’, por miedo o formidable conmoción. El español ya conocía el latinismo horripilación desde los principios del siglo XVII (‘cierta horripilación que el vulgo llama calosfríos’, Méndez Nieto), pero aleteaba por el idioma carente de nido. Sin embargo, su familia léxica se había aposentado firmemente en francés desde principios del XIX, y, por tanto, el verbo y sus derivados tuvieron sin tardar certeros e ilustres avalistas entre nosotros, como Modesto Lafuente (1842), Estébanez Calderón (1847) o Fernán Caballero (1849). Ante tanta pujanza, nuestro Diccionario le dio cobijo en 1852. Por otra parte, se había creado con aspecto más castizo poner los pelos de punta, también calurosamente acogido por plumas aún mayores (Galdós, Pereda, Menéndez Pelayo…).
           Así estaban las cosas, cuando hace unos treinta años empezó a difundirse lo de ponerse el vello de punta, melonada eufemística, ya que el vello, por supuesto, y sólo en singular, es el ‘pelo que sale, más corto y suave que el de la cabeza y de la barba, en algunas partes del cuerpo humano’. ¿Qué vello, pues, se eriza, el de los brazos y pantorrillas, el que arteramente recorre la espalda de muchos y muchas, el bigote execrable allí? Pero ese monstruillo se hizo mercedor de horca cuando, a renglón seguido, fueron los vellos los que se pusieron de punta. ¿Así que cada pelito de esos fue un vello? Extraordinario.
          Pero no queda aquí la cosa. Por pura broma empezó a cruzarse carne de gallina con los pelos de punta, y procrearon el burdégano los pelos de gallina: se trataba de una broma particularmente ingeniosa y jovial. Así empezó a ser empleada no hace aún tres lustros, y quienes lo hacían tenían clara conciencia de su ocurrente y culta extravagancia. Pero el reinante analfabetismo se apropió de ella, se olvidó del dislate, y éste anda por las antenas como locución de casta. A miles de aficionados se les pusieron los pelos de gallina cuando, ante Eire, el Cid Casillas expulsó con sendos mamporros el esférico que, por dos veces, se le venía enfurecido vía penaltis (¡vana ilusión!). El locutor que emitió tal sandez, atontado por el paroxismo, ni se dio cuenta de qué decía: para él, en aquel trance conmovedor, hasta los lenguados podían ser peludos.
          Aquel partido supuso la coronación de Iker I de España, tras un corto exilio en que llegó a ser II de Madrid. Lo explicó con precisión un locutor: el muchacho estaba destinado a ser también suplente en Corea, pero el titular se lesionó. Y -dijo literalmente el informante- ‘ante esa incontinencia, el que era entonces segundo portero tuvo la oportunidad de sacar de sí todo lo que tenía dentro’. ¿Deseó decir que la contingencia, convertida por él en incontinencia, favoreció a otro inmenso meón? ¿Gracias a eso se produjo la enaltación de éste, según dijo una veterana presentadora televisiva?
          Artefacto éste, el de la tele, que ha sacado del Mundial cuantas horas ha podido: entrevistas, declaraciones, elevada filosofía del fútbol… Y vimos algunas ráfagas de entrenos de nuestra selección. Sin duda, entrenar es uno de nuestros vocablos más mutantes: sabemos los prehistóricos del idioma que, en nuestros tiempos, los jugadores se entrenaban, mientras que el ‘coach’ (por variar y modernizar el léxico) los entrenaba; primera sacudida proveniente de América, se amputó el pronombre y así, Morientes entrena cuando corre, salta y pelotea, y, a su vez, Camacho entrena a la selección. Entrenar asumía de esa manera su antiguo significado reflexivo, podía seguir siendo transitivo, y, de paso, se travestía de intransitivo. Como es natural, el Diccionario académico no ha acogido tan fea mutilación, que no es sólo léxica, sino que ataca al corazón de la gramática. Y eso es un poco más serio.
          Pero el infolio, en su última edición, ha acogido entreno por entrenamiento, sin duda por hallarlo morfológicamente explicable: tenemos otros nombres posverbales, es decir, extraídos de una forma verbal: un espía, un escucha, la marcha, la cita, el encuentro, el recibo y bastantes más. Pero todos tienen la particularidad de que no se introdujeron para sustituir a otras palabras, sino que fueron creadas para satisfacer una necesidad. En este caso, ya teníamos entrenamiento, voz que entró en el Diccionario en 1927, cuando ya la usaba mucho antes el tratadista militar Jaime de Viadna (1764): el jefe ‘debe atender con vigilancia a la salud y entrenamiento de los soldados y de los caballos’), y numerosos escritores (Pereda, Lugones, Maeztu…) antes de ese año (¡ah, los retrasos de la Academia, antes vituperada por ellos, y ahora, a veces, por su velocidad!).
          Lo del Mundial daría mucho más de sí, si mi ánimo no hubiera salido derribado de aquel estadio del sol menguante. Ni fuerzas tengo para revisar mis notas. Sólo me quedan reminiscentes los tacos con que tantos comunicadores -y no sólo de deportes; pero éstos parecen haberse concedido bula- se apoyan para andar cojitrancos por el idioma y entristecerlo. El taco en sí no resulta abominable cuando entra como un estoque en la charla confianzuda, oportuno, en su sitio. Pero es síntoma de hambruna mental eyacularlos en público y reírlos. La imagen que ofrecemos, apoyada incluso con nuestros impuestos -de TVE hablo y su cortejo radiofónico-, de ser la de aquellos entrañables ancestros nuestros, convertiría Atapuerca en Atenas. Y así nos pilla julio.

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umberto saba. cinque poesie per il gioco del calcio

 

                 SQUADRA PAESANA

Anch’io tra i molti vi saluto, rosso
alabardati,

sputati
dalla terra natia, da tutto un popolo
amati.

Trepido seguo il vostro gioco.
                                                    Ignari
Esprimete con quello antiche cose
Meravigliose
sopra il verde tappeto, all’aria, ai chiari
soli d’inverno.

Le angosce,
che imbiancano i capelli all’improvviso,
sono da voi sì lontane! La gloria
vi dà un sorriso
fugace: il meglio onde disponga. Abbracci
corrono tra di voi, gesti giulivi.

Giovani siete, per la madre vivi;
vi porta il vento a sua difesa. V’ama
anche per questo il poeta, dagli altri
diversamente –ugualmente commosso.

                                                     

                TRE MOMENTI

Di corsa usciti a mezzo il campo, date
prima il saluto alle tribune. Poi,
quello che nasce poi
che all’altra parte vi volgete, a quella
che più nera s’accalca, non è cosa
da dirsi, non è cosa ch’abbia un nome.

Il portiere su e giù cammina come
sentinella. Il pericolo
lontano è ancora.
Ma se in un nembo s’avvicina, oh allora
una giovane fiera si accovaccia,
e all’erta spia.

Festa è nell’aria, festa in ogni via.
Se per poco, che importa?
Nessun’offesa varcava la porta,
s’incrociavano grida ch’eran razzi.
La vostra gloria, undici ragazzi,
come un fiume d’amore orna Trieste.

 

         TREDICESIMA PARTITA

Sui gradini un manipolo sparuto
si riscaldava di se stesso.
                                             E quando
-smisurata raggiera- il sole spense
dietro una casa il suo bargaglio, il campo
schiarì il presentimento della notte.
Correvano su e giù le maglie rosse,
le maglie bianche, in una luce d’una
strana iridata trasparenza. Il vento
deviava il pallone, la Fortuna
si rimetteva agli occhi la benda.

Piaceva
essere così pochi intirizziti
uniti,
come ultimi uomini su un monte,
a guardare di là l’ultima gara.

 

           FANCIULLI ALLO STADIO

Galletto
è alla voce il fanciullo; estrosi amori
con quella, e crucci, acutamente incide.

Ai confini del campo una bandiera
sventola solitaria su un muretto.
Su quello alzati, nei riposi, a gara
cari nomi lanciavano i fanciulli,
ad uno ad uno, come frecce. Vive
in me l’immagine lieta; a un ricordo
si sposa –a sera- dei miei giorni imberbi.

Odiosi di tanto eran superbi
passavano là sotto i calciatori.
Tutto vedevano, e non quegli acerbi.

 

GOAL

Il portiere caduto alla difesa
ultima vana, contro terra cela
la faccia, a non veder l’amara luce.
Il compagno in ginocchio che l’induce,
con parole e con mano, a rilevarsi,
scopre pieni di lacrime i suoi occhi.

La folla -unita ebbrezza- par trabocchi
nel campo. Intorno al vincitore stanno,
al suo collo si gettano i fratelli.
Pochi momenti come questo belli,
a quanti l’odio consuma e l’amore,
è dato, sotto il cielo, di vedere.

Presso la rete inviolata il portiere
-l’altro- è rimasto. Ma non la sua anima,
con la persona vi è rimasto sola.
La sua gioia si fa una capriola,
si fa baci che manda di lontano.
Della festa -egli dice- anch’io son parte.

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el otro mundial: la cantada de robert green

Grupo C. Inglaterra 1-1 USA: la cantada de Robert Green, según Lego

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sara carbonero en portada de il corriere dello sport.it

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la fotografía

Una fan entregada antes del Portugal-Corea del Norte

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portugal homenajea a saramago… y golea

La selección de Portugal lució crespones negros como homenaje al Nobel de Literatura
José Saramago en la goleada por 7-0 contra Corea del Norte

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el fútbol, detrás del baloncesto

          Entre el verano de 2006 y el de 2008, los futboleros españoles sufrieron un cierto complejo de inferioridad frente al baloncesto. En el verano de 2006, los Gasol, Navarro, Calderón, Garbajosa, Reyes, Jiménez, Rudy, Sergio, Mumbrú, Berni y Cabezas dieron a España su primer oro en un Campeonato del Mundo de Baloncesto. España contó sus partidos por victorias, diez de diez, y se impuso en la final por un ¡70-47! a una exhausta Grecia que venía de tumbar en la otra semifinal a la enésima secuela del Dream team con un enloquecido 101-95. Pau Gasol fue nombrado entonces MVP del torneo, aunque no jugó la final por lesión.
          La prensa española se rindió ante el éxito de los exjuniors de oro, y la comparación del fútbol con el hermano menor fue inevitable. Después de dejar en la cuneta a los sobrevivientes del gran baloncesto soviético y yugoslavo, Lituania y Serbia, en los cruces, y en vísperas de la semifinal entre España y Argentina en Japón, Iker Casillas reconocía que sentía envidia por los éxitos de nuestro baloncesto, impensables en aquel entonces para el fútbol. Después de plantarse en la final de baloncesto, fue el propio seleccionador de fútbol, Luis Aragonés, quien tuvo que rendir cuentas por la odiosa comparación. “No siento envidia del baloncesto, es que son muy buenos”, decía Aragonés. “Lo que pasa en un deporte o en otro no tiene nada que ver”. Y como consuelo, decía: “Nosotros somos la séptima selección del Mundo también por algo”. Pero lo cierto es que solo faltaba el fútbol. El waterpolo, el fútbol sala, el balonmano, el hockey y, desde entonces, el baloncesto, habían logrado ya grandes títulos internacionales.
          El fútbol se sacudió por fin el complejo dos años más tarde: el 22 de junio de 2008, en el estadio Ernst Happel de Viena, España pudo por fin con la frontera invisible de los cuartos de final, imponiéndose a Italia –quien lo iba a decir– en la tanda de penalties. Una semana más tarde, en el mismo lugar, España se proclamó campeona de Europa por primera vez en 44 años, al ganar a Alemania con el gol de Torres. David Villa, que no pudo jugar la final por lesión, se hizo con el trofeo al mejor goleador del torneo.
          Al año siguiente, en septiembre, la selección de baloncesto se presentaba en Polonia con la intención de quitarse la espina del Eurobasket de casa, cuando no pudo con Rusia en la final. En los partidos de preparación, España había bailado a sus rivales, y se plantaba en Polonia como favorita. Y, sin embargo, perdió el partido del debut contra una renovada selección de Serbia. El equipo parecía cansado, falto de confianza. Se presentía la catástrofe. España salvó la primera fase sin brillo, con victorias ante Gran Bretaña y Eslovenia. En la segunda fase se empezó otra vez con derrota, contra Turquía, pero se alcanzaron los cuartos por los pelos, con la última plaza que daba acceso a la siguiente fase, con las victorias ante Polonia y Lituania. Francia, campeona del otro grupo y única invicta hasta entonces del campeonato, se llevó el gran regalo del torneo: después de ganar sus cinco partidos, se llevó un 66-86 de los españoles. Después victoria de España ante Grecia en semifinales (82-64) y por fin, ante Serbia (85-63), la que había sembrado las dudas en el debut.
          Y ya se sabe lo que viene ahora: la selección de fútbol se presentaba este verano en Sudáfrica como vigente campeona de Europa y con el expediente impoluto tanto en la clasificación como en la preparación, en particular después de golear por 6-0 a Polonia en el amistoso de Murcia previo al torneo. Esta semana la candidatísima selección de fútbol empezó el Mundial con derrota ante Suiza 1-0. Y buena parte de la prensa se bajó del carro. Y se presentía la catástrofe.
          Me extraña, pero esta semana nadie se ha acordado del baloncesto.

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